El presidente Michel Martelly ha reivindicado la soberanía de Haití al anunciar el restablecimiento del Ejército, a pesar de la oposición de la comunidad internacional, que ha considerado que esa empobrecida nación tiene otras prioridades, como la de asistir a millares de familias que quedaron sin techo a causa del terremoto de 2010. Martelly considera que la rehabilitación del Ejército es un asunto de dignidad por lo que ha creado una comisión para conformar ese nuevo ente armado. Sin saber de dónde provendrán los recursos para sostener a ese ejército, el mandatario haitiano cree que esa iniciativa es tan importante como la de construir miles de viviendas o la de atraer inversiones para poder sacar a ese país de la miseria extrema. Con su radical decisión de rehabilitar el Ejército porque así lo requiere la dignidad del pueblo haitiano, Martelly ofrece una lección al Gobierno dominicano, de cómo aplicar políticas públicas sin importar si a la comunidad internacional le guste o no. Por ejemplo, las autoridades nacionales deberían aplicar plenamente la ley de inmigración, aunque las grandes metrópolis se enfermen de rabia. Los haitianos valoran el concepto de dignidad mejor, mucho mejor, que los dominicanos. Duele admitirlo.

