La cédula
Ni siquiera los partidos políticos, que son los que justifican la existencia de la Junta Central Electoral (JCE), pudieron persuadir al tribunal para que prorrogue el plazo para la caducidad de la vieja cédula. No se sabe qué pierde la JCE, que en definitiva no sería más que el contribuyente, con tanta intransigencia. El conflicto ha replanteado importancia como documento de la cédula de identidad y electoral. Generales como nombres, apellidos, lugar y fecha de nacimiento son las mismas tanto en el viejo como en el nuevo plástico.
Se plantea que como los datos están en otros documentos, como pasaporte y licencia de conducir, la cédula no tiene por qué ser la única identificación para realizar cualquier acto legal.
Por las trampas a que se ha prestado en los procesos electorales puede pasarse por alto que se exija en las votaciones, aunque con la tecnología que domina el mundo moderno para garantizar la pulcritud de los certámenes, de la que se ha ufanado hasta la propia JCE, sea una obviedad. Que se rehusara la prórroga ha sido un acto más de insensatez que de autoridad.

