Algo más, que reabrir las plazas agropecuarias, tendrá que hacer el Gobierno para afrontar los altos precios de artículos esenciales que han convertido en sal y agua el magro presupuesto familiar. El presidente Leonel Fernández ha dispuesto la reapertura de 860 puestos de venta de productos agropecuarios en un esfuerzo por disminuir el altísimo costo de la vida. Vale advertir que factores externos, como las alzas continua del petróleo, maíz y soya, amenazan con disparar aun más el índice general de precios, ya aguijoneado por escasez y especulación. Se admite que esas plazas agropecuarias representan un alivio para el consumidor, pero es menester que el Gobierno aplique políticas económicas, monetarias y fiscales que ayuden a dinamizar la producción agropecuaria, agroindustrial e industrial, a los fines de garantizar adecuada oferta de bienes y servicios. Llama la atención la contradicción que persiste entre las cifras que ofrece el Banco Central sobre control inflación y la generalizada alza de precios de la mentada canasta familiar. Con la decisión presidencial de activar las plazas agropecuaria se admite que el índice general de precios al consumidor se ha disparado, muy a pesar de las frías estadísticas del Banco Central.

