A sus 85 años de edad, incapacitado y enfermo, Luis Santos se ha convertido en un emblema de la injusticia que marca el sistema de pensiones. Si fuera una figura del medio, periodista, artista o pintor, o en su defecto contara con padrinos, no tuviera necesidad de mostrar las cotizaciones durante los 70 años que trabajó en la industria azucarera, como prueba de su derecho a una pensión del Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS). El Gobierno se la hubiera otorgado. Pero por sus condiciones sociales Santos, y otros 18 mil trabajadores en la misma situación, no ha encontrado la solidaridad ni siquiera de la claque sindical. Los cinco o seis mil pesos a que tienen derecho por su desempeño como picadores, carreteros o braseros de la industria azucarera distan mucho de los 40, 50 y hasta 100 mil pesos con que se ha pensionado a gente que apenas ha dado un golpe en el sector público. El caso de Santos y los demás antiguos trabajadores que están en las mismas condiciones es para que se reflexione sobre el sistema de pensiones.

