¿Y entonces?
La lucha contra la corrupción no representa uno de los puntos más luminosos para el Ministerio Público. Al menos en cuanto a resultados tangibles. Y si la tarea es tan difícil, como ha reconocido la fiscal del Distrito Nacional, Yeni Berenice Reynoso, es muy poco entonces lo que se puede esperar, salvo mucha alharaca.
Más que normativa para perseguir la corrupción con eficiencia, lo que ha faltado es una real voluntad, incluso hasta para propiciar esa regla cuya ausencia ha criticado la representante del Ministerio Público.
Deja mucho que desear que sonoros expedientes de corrupción no prosperen en los tribunales por supuesta mala instrumentación. Y si hay, como dijo, una “participación descarada de la política en la justicia”, además de denunciarla su misión es actuar. De la misma manera que contra los acosos y amenazas que reciben los fiscales apoderados de casos de corrupción.
Que diputados y senadores ofrezcan garantías contra acusados de sicariato puede ser censurable, pero de seguro que tampoco es lo más pecaminoso.

