Rectitud
El papa Francisco avanza otro escalón en la renovación que ha marcado su gestión desde que se instaló en el Vaticano. “Nadie puede ser condenado para siempre”, recordó el Pontífice para sustentar la acogida de la Iglesia a los divorciados y a las uniones de hecho. En la segunda exhortación apostólica “Amoris laetitia” (La alegría del amor), Su Santidad fija las líneas de la Iglesia sobre la familia y el matrimonio.
En el marco de los cambios radicales que ha impulsado en la fe cristiana, el obispo de Roma sostuvo que “no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación llamada irregular viven en una situación de pecado mortal”. La reflexión se enmarca en la línea para incluir y no excluir trazada por Francisco al catolicismo.
Con la exhortación, Francisco pone de manifiesto que su deseo no se limita únicamente a una Iglesia para los pobres, sino para todos los cristianos. En una etapa en que la familia es sacudida por sucesivas crisis, el mensaje de Su Santidad representa otro eslabón en la cadena a favor de la conciliación social.

