La prometida visita a República Dominicana de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se espera con la misma ansiedad del niño que aguarda el ingreso de Santa por la imaginaria chimenea.
Antes de su juramentación, el presidente Danilo Medina viajó a Brasil donde obtuvo de la carismática jefa de Estado su promesa de financiamiento a la construcción de dos plantas eléctricas de 200 megavatios, lo que ayudaría a levantar el maltrecho sector eléctrico.
Dilma y Danilo coincidieron en Cádiz, España, en la Cumbre Iberoamericana y cuentan que la Rousseff mandó a buscar al mandatario dominicano para reiterarle la disposición de su gobierno de darle una mano y como si fuera poco le adelantó que vendría a Santo Domingo en enero o abril.
En Dilma se puede creer porque es una estadista de temple a la que no le tiembla el pulso para cesantear a cualquier ministro sospechoso siquiera de prevaricación, por lo que aquí se cuentan los días hasta la llegada de tan distinguida invitada que, de paso, aconsejó al presidente Medina no preocuparse porque la situación casi siempre comienza difícil, pero luego se pone mejor.

