En el local de la librería La Trinitaria, consagrada desde hace más de 30 años a la difusión de libros de autores nacionales, cuelga un se vende. El letrero indica que los días del que fue uno de los principales espacios no sólo de venta de libros y objetos culturales, sino de tertulias, están contados. Más que un negocio, La Trinitaria ha sido un centro cultural y de discusiones literarias, filosóficas y políticas. Un símbolo. Pero su propietaria Virtudes Uribe no puede mantenerlo sin la venta de libros, que dice ha mermado considerablemente en los últimos cinco años. La no aprobación de la Ley del libro y bibliotecas, que incentiva las librerías, ha sido el golpe de gracia para esos establecimientos. Aunque el Ministerio de Cultura considera que la crisis que tiene al borde de la desaparición muchas librerías tradicionales, como La Trinitaria, se debe a que no han modernizado sus espacios. Sin ventas ni incentivos el fin de la Trinitaria y otras librerías parece irreversible, pues, para colmo de males, se aprecia un alarmante descenso en los hábitos de lectura.

