Crimen
La criminalidad ha vuelto a transmitir un aviso tenebroso con la muerte, para despojarlo de su arma, de un escolta del ministro de Interior y Policía.
Tras concluir su labor, el cabo Charlie Valerio Núñez, de 25 años, se dirigía a su residencia en el sector La Venta, de Santo Domingo Oeste, cuando el lunes en la noche fue baleado mortalmente por desconocidos que viajaban en una motocicleta.
Los homicidas se apoderaron de su revólver y huyeron del lugar. Desde hace tiempo una motocicleta o un revólver constituyen, cuando no una amenaza, una sentencia de muerte. Pero el caso del escolta de Carlos Amarante Baret evidencia una criminalidad activa, diseminada por toda la geografía.
Que en determinadas circunstancias deje de sentirse no significa que ha sido eliminada, sino que simplemente se ha replegado. Los atracos, aunque no tengan tanta trascendencia mediática, todavía están a la orden del día.
El caso de Valerio Núñez es muy triste, pero cabe esperar que se convierta en un signo de alerta sobre la dimensión de la criminalidad.

