Terrorismo no es opción
El artefacto explosivo que estalló el viernes en la estación Parson Green, en el metro de Londres, dejando un saldo de al menos 29 heridos, forma parte de una hilera de hechos similares ocurridos en los últimos años en varios países europeos, motivados más por fanatismo religioso que por razones ideológicas.
Del hecho se hizo responsable el Estado Islámico, el grupo terrorista que opera en varios puntos de Medio Oriente y que exhibe como trofeos las decapitaciones de sus adversarios. Matar civiles, mujeres, niños, ancianos a personas inocentes no son los deseos de Dios, de modo que hacerlo a su nombre es una blasfemia y una acción deleznable que merece el repudio del mundo entero.
El viernes fue en Londres, antes en España, Francia y Estados Unidos, de modo que frente a los fanáticos del terrorismo nadie está exento. Sólo la solidaridad y la colaboración entre los países puede poner fin a esta ola de masacres que lleva al mundo a un temor colectivo y muertes innecesarias.

