Los tres muertos durante una balacera en La Zurza y los dos comerciantes abatidos por delincuentes en el ensanche Isabelita y en el barrio Cienfuegos, de Santiago, acentúan la espantosa ola de violencia que estremece y perturba a la población. Como si fuera poco, en Villa Mella fue abatido ayer un teniente de la Policía cuando frustraba el robo de un vehículo. Los sucesos, sin que nadie se llame a engaño, describen y acentúan la intimidante ola de violencia que atemoriza y desosiega a la gente. Seis muertos en cuestión de horas en atracos y pleitos propios de una sociedad dominada por la crispación no es poca cosa. Alarma la espantosa facilidad con que por motivos tan simples se le quita la vida a una persona, como ocurrió con el comerciante de Santiago José Ventura Salas, quien fue abatido por negarse a fiar una cajetilla de cigarrillos a cuatro delincuentes. O el caso de Ruddy Antonio Montes de Oca, quien resistió un atraco a su pequeño colmado en el ensanche Isabelita. a tan aleccionadores síntomas se tiene que prestar atención.
