Por la gran cantidad de propuestas que se presentaron durante el primer día de debates en las siete mesas de la Cumbre de las Fuerzas Vivas, puede decirse que se estaría próximo a imponer un récord Guinness para ese tipo de diálogo que suelen convocar los gobiernos cuando el agua se acerca al cuello. Se resalta que instituciones del Estado y de la sociedad civil, por vía de cabezas bien amuebladas, han presentado en esa cumbre ideas e iniciativas novedosas para afrontar o prevenir males mayores que afectan o se ciernen sobre la nación. Otros, en cambio, pretenden convertir los augustos salones donde se celebran las rondas de discusiones, en pasarelas de figureo o de olímpica pérdida de tiempo. Las mesas que parecen concitar mayor interés son las que abordan el tema de energía y combustible, seguridad ciudadana y migración, por razones que parecen obvias. El Gobierno parece ahora inserto en camisa de once varas, pues tendrá que demostrar en los hechos, con el cumplimiento de lo que se acuerde, que su convocatoria a esa cumbre no ha sido otro perfomance o entretenimiento.

