Hicieron bien el ex presidente Hipólito Mejía y al ingeniero Miguel Vargas Maldonado en sentarse a dirimir sus diferencias para propiciar una salida a la crisis que afecta al Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Por su incidencia y protagonismo en la capacidad de los dos dirigentes está la posibilidad de que el PRD encauce sus procesos internos a través de canales institucionales y democráticos. El negativo fardo personal ha pesado mucho en los problemas que atrofian al perredeísmo. Que no se llegara a ningún acuerdo en el encuentro coordinado por el doctor Hugo Tolentino Dipp y el licenciado Teófilo Quico Tabar no significa que las diferencias entre las cabezas de las dos principales tendencias sean irreconciliables. La importancia que tiene el perredeísmo en un sistema de partidos en crisis está entre las cosas que deben entender los líderes perredeístas. Hipólito y Miguel tienen que ver más allá de sus aspiraciones personales para salvar lo mucho que queda del PRD.

