Página Dos

PRIMERA FILA

PRIMERA FILA

La sorpresiva muerte en un centro médico de uno de los principales acusados por la matanza del 4 de agosto de 2008 en Paya, Baní, no es sólo suspicaz, sino que enrarece aún más la tragedia por la cual había sido condenado a 30 años de prisión. Como las autoridades saben que es así tienen que emplearse a fondo para demostrar que el recluso José Luis Montás Vargas, de 39 años, falleció a causa de una infección en los riñones. Es válida y oportuna en tal sentido la preocupación del presidente Leonel Fernández para que el deceso sea aclarado. El recluso, sindicado como el cerebro de la muerte de siete colombianos, guardaba prisión en la cárcel de Najayo, de donde fue trasladado el lunes en la tarde al hospital Francisco Moscoso Puello. Su deceso ocurrió ayer en la mañana a causa, según el director de Prisiones, de un cuadro infeccioso que le cubrió casi todo el cuerpo. Por las dudas que todavía rodean el proceso sobre la muete de los colombianos, es obvio que las autoridades tienen que sustentar la versión con pruebas irrefutables. No son dos ni tres los que de seguro piensan que se trató de una muerte inducida para evitar que hable sobre la tragedia.

El Nacional

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