En la conmemoración del 50 aniversario de la Asociación de Industrias de República (AIRD), su presidenta, Ligia Bonetti, ha sonado la alarma sobre la crisis que afecta al sector y torna incierto su futuro.
No será la primera ocasión en que se advierte sobre los obstáculos que amenazan la supervivencia de la industria, pero la realidad es que esta vez los inconvenientes son mayores y más tangibles. Bonetti da en el clavo al citar la deficiencia y costo de la energía eléctrica y el transporte de carga, así como la ausencia de una mano de obra calificada, entre los obstáculos tan reales como visibles que conspiran contra el desarrollo de la industria. Sin embargo, advierte que no todo está perdido.
Una reforma profunda en la economía, la mejoría de la calidad educativa y el saneamiento de la burocracia pública son medidas que desde el punto de vista de la presidenta de la AIRD pueden ayudar a evitar el colapso del sector. La advertencia de la dirigente empresarial evidencia que el país gira en torno a dos discursos: uno mediático, con su matiz político, y otro real.

