Tras la filípica de la Conferencia del Episcopado sobre los males que agobian a la población, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez ha advertido a la clase política que la nación está por encima de los intereses particulares. Se trata de un saludable mensaje, que cabe como anillo al dedo al Gobierno como conductor de los destinos nacionales. Significa que las autoridades deben prestar atención a la demanda de la población antes que refugiarse en la prepotencia y la indiferencia que en ocasiones suele caracterizarlo. Es verdad que todos deben poner su grano de arena frente a la inseguridad, la delincuencia, la criminalidad y la vasta gama de calamidades que abate a la población, pero sin olvidar que las autoridades son las encargadas de trazar la pauta al respecto. Hay que compartir con López Rodríguez que las demandas sociales no deben ser politizadas, pero sí satisfechas. Porque, como advirtieron los obispos en su pastoral, la gente está cada vez más desesperada a causa de todos los tipos de males que la azotan. Sin esperanza.

