En la inauguración de una oficina del senador Francisco Domínguez Brito, el arzobispo de Santiago soltó, con toda razón, un rapapolvo a las autoridades en cuanto a la aplicación de la ley. Monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio consideró que en el país se necesitan manos firmes que no tengan miedo para aplicar las leyes. Y lo cierto es que nada sirve, como no sea para fantasear, que se elaboren nuevas leyes para que luego, por diferentes razones, no se puedan ejecutar. Ese temor, que como dice De la Rosa y Carpio obedece la mayoría de las veces a intereses políticos, es obvio que afecta la seguridad jurídica del país. Es grave que por temor a perder votos o simpatía en el electorado se sacrifique a la nación. El problema en cuanto a la aplicación de las leyes no fue el único rapapolvo del arzobispo de Santiago. También cuestionó que a estas alturas no se haya aprobado la ley de partidos y agrupaciones políticas. Las observaciones del prelado son para que las autoridades reflexionen sobre el orden, la seguridad y el bienestar de la nación.

