La desarrabalización de la ciudad y el rescate del espacio figuran entre las medidas que más contribuyen con el ornato y el esplendor de la ciudad. Pero por razones políticas las autoridades temen abocarse a una iniciativa que redunda en beneficio del interés colectivo. La Alcaldía del Distrito Nacional ha vuelto a emprender una jornada de limpieza y desarrabalización de la ciudad que, de antemano, cuenta con el respaldo de los sectores más sensatos. No se trata de una medida simpática, pero por sentimentalismos o intereses electorales no se puede dejar que la ciudad se anarquice ni se convierta en un esperpento arquitectónico. Toldos, negocios y todos los obstáculos instalados al margen de las leyes y que perjudiquen el ornato tienen que ser removidos sin contemplaciones. Las autoridades no están para hacerse las graciosas, sino para preservar el patrimonio y garantizar el orden público. En muchos lugares los peatones no tienen ni siquiera espacio porque los negocios ocupan las aceras. Lo que no se debe es discriminar.

