Todavía la sociedad no se recupera del asombro con la revelación de que en el país se asentó hace más de cinco años una poderosa organización de tráfico de drogas y lavado de dinero, que llegó a acumular bienes por más de mil millones de pesos.
Se dice que esa red desmantelada por el Departamento Nacional de Investigaciones (DNI) y la Procuraduría General era mucho mayor que la que lideró Figueroa Agosto, al que no se le decomisaron tantas fincas, casas, apartamentos, carros de lujo y dinero en efectivo como este grupo integrado por colombianos, venezolanos y dominicanos, que tenía capacidad operativa para introducir cargamentos de drogas por las costas de Baní, que luego suplía a otros cárteles que las exportaban a Estados Unidos y Europa.
Se afirma que el grupo generaba más de 70 millones de dólares al año que sacaba del país con relativa facilidad por gracias a sus conexiones en puertos y aeropuertos. Difícil es entender cómo esa banda podía introducir miles de kilos de cocaína por el litoral sur que se creía muy vigilado después de la matanza de Paya, que significó el asesinato de siete personas en una operación de tumbe par despojarlos de 300 kilos de cocaína.

