En la homilía de un tedéum con motivo del 165 aniversario de la Independencia Nacional, monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio llamó la atención sobre antivalores que corroen a la sociedad dominicana. A la corrupción y el afán de riqueza el arzobispo metropolitano de Santiago agregó la mentira como uno de los males que infectan a la nación. Lo que dijo De la Rosa y Carpio no es la tradicional agua de borrajas que suele caracterizar las ceremonias y discursos de fechas tan solemnes. Si el religioso incluye la mentira se basa en la capacidad para embaucar y engañar que se ha impuesto como cultura en el quehacer público y privado. Su clamor por la honestidad, una de las virtudes que caracterizó al patricio Juan Pablo Duarte, no debería quedar en el aire, sino ser utilizado como bandera de una amplia cruzada contra las lacras que sojuzgan a la nación. Es lo que falta para salvar lo que queda, porque no se puede negar que el panorama es ominoso.

