El secretario de Economía, Planificación y Desarrollo, ingeniero Temístocles Montás, no ha tenido más que reconocer los efectos de la crisis internacional sobre la industria turística. Si esa es la verdad no hay más que admitirlo, pues nada se gana con espejismos ni con tratar de tapar el sol con un dedo. Pero, más que admitir los efectos de la crisis en el turismo, se tiene que pensar en medidas eficaces para contrarrestarlos. No se puede olvidar que ese sector constituye la principal fuente generadora de divisas, en tanto que las zonas francas y las remesas no transitan por su mejor momento. De la agropecuaria ni se diga. El turismo aportó en 2008 más de 4 mil millones de dólares al Producto Interno Bruto (PIB) y una caída brusca sería mortal para la economía. Con un entorno tan sombrío como el que se cierne sobre el planeta no hay mucho espacio para el optimismo. Son momentos para pensar en la nación por encima de ganancias políticas o intereses particulares. Admitir los efectos de la crisis en el turismo es un paso.

