Página Dos

PRIMERA FILA

PRIMERA FILA

La pensión especial dispuesta por el presidente Danilo Medina para los ancianos que dejaron el forro en los bateyes del Consejo Estatal del Azúcar (CEA) es uno de los más sentidos actos de justicia. El drama de los antiguos trabajadores, quienes tuvieron que protagonizar múltiples protestas, conmovía hasta el más insensible de los mortales.

Había que ser una mole de concreto para no inmutarse frente a la tragedia de hombres enfermos, que apenas podían sostenerse, que a pleno sol reclamaban la pensión por la que habían cotizado. 

Medina volvió a dar otra auspiciosa muestra de humanidad con la decisión de resolver la odisea de unos antiguos trabajadores que no eran más que víctimas de la indolencia y de la ausencia de un eficaz sistema de seguridad social.

El caso, sin embargo, servir de experiencia para remover las trabas burocráticas que obstaculizan la creación de un modelo que garantice en forma automática la pensión y jubilación de los trabajadores. Aunque cotizaban  a la hora de pensionarse la decisión tuvo que tomarla el Gobierno.

El Nacional

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