La tragedia de Invivienda debe constituir el más conmovedor grito de alarma sobre la violencia familiar que ha sacudido a la población. Cuando se trata de una matanza colectiva, como la ocurrida ayer, el móvil no puede simplificarse única y exclusivamente en el aspecto pasional.
Hay muchas otras aristas que han de tomarse en cuenta cuando un hombre de 26 años mata a su mujer, de 36, la madre, una hermana y una sobrina de ella y luego se suicida.
Es posible que la crisis que se cita en las relaciones de Enmanuel Lamy Román y su pareja Vicky Thalía Irrizari Méndez haya desencadenado la tragedia. Pero Román, a quien se ha citado como prófugo, tenía que estar pasando por unos momentos terribles para llegar armado a la casa de su pareja y terminar con la vida de toda una familia.
Consuelo y rechazo no bastan para reducir a su mínima expresión una orgía sangrienta que tiene a la mujer como víctima propiciatoria. De nuevo se insiste en que se tiene que prestar atención al intranquilizante drama de la violencia familiar.

