A pesar de que ya se sienten sus terribles efectos, la ciudadanía no parece entender la magnitud del impacto de las alzas en los precios del petróleo y de las materias primas básicas sobre la economía dominicana, porque se quema combustible y se parrandea como si cada cual se hubiese ganado la Loto. El precio del barril de petróleo cerró la semana laboral a 108 dólares, con claras perspectivas a continuar su espiral alcista, mientras en la Bolsa Agropecuaria de Chicago, el trigo, maíz, sorgo y soya están más arriba de las nubes. La gente cree que el alza del petróleo sólo se expresa en los sucesivos aumentos de la gasolina premium (208.70); gasolina regular (197.10); gasoil premium (185.30) y gasoil regular (181.00). Esas alzas provocan un efecto inflacionario en cascada sobre todos los bienes y servicios y colocan en riesgo de desestabilización a los indicadores económicos, lo que se traduce en encarecimiento global, desempleo, hambre y mayor marginalidad social. Cada quien está en obligación de ajustar propia economía a los rigores del mal tiempo, en el entendido de que los factores que causan la crisis se mantendrán activos por mucho tiempo, pues no hay solución a la vista a la crisis de Libia.

