Domingo Liz, quien falleció ayer a los 82 años de edad, era uno de los artistas plásticos más auténticos del país. Una gloria.
A lo largo de su carrera como pintor, escultor y dibujante se esmeró en desarrollar su propio estilo, caracterizado por formas y colores. Su producción, como los grandes del género, poseen su propia identidad.
Detestaba la imitación y la mentira y pensaba que los valores se falsean cundo entran en juego ciertos intereses y la opinión crítica pagada. Era un artista multifacético, que combinaba su labor creativa con la enseñanza como profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, de donde era egresado, y en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Entre los muchos galardones estaba el Premio Nacional de las Artes Plásticas correspondiente a 2012, que estaba supuesto a recibir a fines de este mes. Con su muerte República Dominicana pierde a uno de sus artistas de más reputación. Liz, un tanto enigmático, era un artista de mucha conciencia, emblemático y sincero, aunque poco dado a las exposiciones.

