Protestas sociales que tienen en común la construcción de obras no sólo traducen inconformidad sino que vuelven a desafiar la capacidad del Gobierno para preservar la gobernabilidad. Tras los violentos incidentes de San Francisco de Macorís, residentes en barrios populosos de Santiago se han movilizado hasta por la estabilidad del servicio eléctrico.
En Sabana Perdida, cientos de personas salieron a las calles a reclamar la ejecución de obras que han sido prometidas, pero que no se acaban de realizar. San Juan de la Maguana paralizó sus actividades prácticamente en un cien por ciento también por la terminación de calles, carreteras, mejores condiciones de vida y otras reivindicaciones. Pero en Navarrete, el movimiento adquirió un carácter violento con la detonación de bombas de fabricación casera y tiros. Ese es el ambiente que, groso modo, ha vuelto a cobrar cuerpo frente a males sociales que se acumulan, en el que la desesperación de la gente por las condiciones de vida parece primar sobre lo político.

