Quizás lo ideal sería enfrentar las causas, pero la realidad es que la Policía no puede responder con la otra mejilla la guerra que ha declarado la criminalidad. El asesinato por desconocidos en las últimas horas de un sargento en San Francisco de Macorís y de un raso en Cristo Rey suena la alarma sobre el desafiante rebrote de la criminalidad.
El sargento Saturnino Reyes Pérez, de 46 años, fue abatido cuando realizaba labor de patrullaje por la avenida Libertad, en tanto que el raso Wifin Antonio Gómez y su hermano de 16 años Eddy Yunior fueron asesinados cuando caminaban por la calle 41, de Cristo Rey. Los tres crímenes, que se inscriben dentro de la ola de violencia que azota a la población, desafían los métodos para garantizar la seguridad y el orden. La criminalidad, de la que no sólo son víctimas delincuentes, es una realidad a la vista, que no puede minimizarse con estadísticas ni enfrentarse con teorías ni sermones. Lo ideal, por supuesto, sería que se pudiera prevenir las causas que generan la criminalidad. Cualesquiera fueran. Pero…

