A partir de hoy solo restan dos semanas o 14 días para las elecciones del 20 de mayo, por lo que puede decirse que ha comenzado la cuenta regresiva de un proceso electoral que ha sido largo, tedioso, costoso y a veces angustioso. Serán dos semanas difíciles, a menos que el liderazgo político acepte asumir su responsabilidad de promover sosiego en vez de confrontación. Las horas de esos 14 días deberían emplearse en intentar convencer al electorado de las bondades de los candidatos y programas de gobierno, porque constituye un gran desperdicio usar tan poco tiempo exclusivamente para detractar al adversario. Sería un triunfo de la democracia si la mayoría de los sufragantes depositan el voto a favor de uno y no en contra de otro, porque lo mejor sería que quien gane sea por convencimiento y no por regla de exclusión. Del próximo domingo en ocho, como suele decir el ciudadano ordinario, más de seis millones de dominicanos serán convocados a ejercer el más solemne y efectivo poder que les confiere la Constitución de la Republica, el de elegir a los próximos inquilinos del Palacio Nacional. Dios quiera que estas dos semanas o 14 días transcurran en completa calma, que el debate electoral se vuelva útil, propositivo, cónsono con los anhelos de la mayoría de consolidar la democracia.

