Esperanza
El ex presidente Bill Clinton acaba de concluir su primera visita a Haití como enviado especial de las Naciones Unidas (ONU) para la vecina República. Es verdad que Clinton no tiene en sus manos la solución de los muchos y difíciles problemas haitianos, pero también es bastante lo que puede hacer para al menos aliviar el fardo de la empobrecida nación.
El ex gobernante estadounidense siente que tiene un compromiso con un país que, en lugar de intervenido por un contigente de la ONU para preservar el orden, debería estar invadido por proyectos de inversión. Cada visita de figuras como Clinton deja en Haití una estela de aliento y esperanza, que desafortundamente termina por diluirse desde que dan la espalda.Es lo triste y doloroso del caso. Si se lo propone, es mucho lo que Clinton puede hacer siquiera para mitigar el espantoso drama del pueblo haitiano. Bajo la administración del presidente René Preval se ha demostrado que lo político es secundario frente al desempleo y la miseria que sumen la población en una abyecta pobreza.

