Editorial

Principio y fin

Principio y fin

Tan histórica es la juramentación de Barack Obama como presidente de Estados Unidos como el fin de los ocho años en la Casa Blanca de George W. Bush, un gobernante cuyo controversial  ejercicio no sólo ha dado al traste con la autoridad y hegemonía de esa nación, sino que la deja sumida en una de las más profundas crisis financieras que se recuerde.

Catapultado en leyenda quizás Obama haya despertado más expectativa de la cuenta, lo que de alguna manera se relaciona con la crisis financiera y de liderazgo que heredan los estadounidenses y el mundo de una gestión que pisoteó los principios que históricamente había enarbolado la nación y que tampoco escatimó esfuerzos en abrirse frentes.

La condición de primer presidente negro en la historia de Estados Unidos, con todo y el hito que marca, puede que haya quedado relegado a un segundo plano frente al reto que representa la misión de rescatar el papel protagónico que como principal potencia económica había tenido en el universo.

El genocidio israelí en la franja de Gaza es el último reducto de la herencia de Bush y otro de los conflictos internacionales con que deberá lidiar, no sin provocar ronchas, el nuevo gobernante. Son tan grandes y variados los problemas que desde ya se habla de que el discurso de esperanza y cambio de Obama estará a prueba desde el primer día.

El ex senador por Illinois sabe que, por la dimensión del desastre, la reconstrucción de la economía y del liderazgo de Estados Unidos no será una tarea sencilla. Pero su estilo y  confianza representan un bálsamo tanto para sus conciudadanos como para los derrumbados mercados internacionales. En contraste con los últimos días de la era Bush, marcados por el temor.

Ese Barack Obama que mañana asume la presidencia de Estados Unidos encarna, más que un presidente negro, un proyecto político y social fundamentado en el llamado “sueño americano”. Si la justicia, el trabajo y la igualdad de oportunidades prevalecen en armonía con el programa para salir del caos económico, el nuevo gobernante no tendrá que esperar mucho tiempo para apreciar el renacer de la esperanza que ha predicado.

A pesar de sus incalificables abusos la crisis financiera y de liderazgo que sacude al planeta ha evidenciado que el papel de Estados Unidos es determinante para garantizar siquiera una relativa estabilidad social, política y económica. En los días finales de su gestión a Bush se le había ido todo de la mano, provocando el malestar que tiene en ascuas a la humanidad. Recomponer ese panorama con nuevas perspectivas es el gran desafío de Obama.

El Nacional

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