La noticia del autobús de pasajeros caído al Mar Caribe el 12 de febrero, en la Autopista Las Américas, donde murieron once personas y dieciséis recibieron heridas más o menos graves, conmocionó al país. Accidente infortunado que después del dolor directo de familiares inconsolables y de la comunidad nacional por ellos y ellas, muestra la habitual presencia de la muerte cuando falta previsión y cuidado, en un país de contrastes donde la mayoría vive al día.
Entre las personas llevadas por el mar ese día está Cleorfa Suero Mora, cariñosamente Chea, quien desde 1990 trabajaba en la clínica Evangelina Rodríguez, de Profamilia, una segunda familia de Chea que hoy extraña su presencia amable y cariñosa, aguantadora y comprensiva. Una estampa diaria de afecto para todas las personas que recibían de ella el cafecito del descanso y la fuerza para el día de trabajo por los últimos 20 años!
Chea, al decir de sus compañeros/as de trabajo, era positiva y risueña, iba acompañada ese día de su nieta y la ayudó a salvarse sacándola por la ventanilla. Último empujón de amor a su propia vida. Entrega total de mujer madre y abuela.
El infarto de Roberto Familia, el chofer, evidencia la falta de mecanismos para quienes conducen con varias personas pasajeras bajo su responsabilidad, en estrés patológico permanente, pocas veces medido por las compañías/asociaciones/empresas que contratan mirando estrictamente la necesidad de trabajo, siempre apremiante.
La caída del minibús al mar, también manifiesta el desapego a la integridad humana, por autoridades municipales y/o nacionales, de obras públicas y/o de ornato o lo que quieran, sin priorizar las vallas de protección en las orillas de un mar movido debajo de farallones peligrosos, donde los vehículos desorientados caen irremediablemente y matan.
Todo el nefasto accidente revela la vida providencial de nuestro país, donde dependemos de la misericordia de un Dios que determina tiempo, espacios, clima, situaciones y resultados, en cuyas manos ponemos el acontecer de cada día, literalmente, sin figuraciones ni fantasías poéticas, una antología de expresiones resumida en una frase, si Dios quiere.
Sin embargo, hay señales inequívocas para quienes administran el país por mandato del pueblo, de definición y aplicación de acciones que prevengan primero y remedien después la seguridad mínima de las personas que arriesgan sus vidas en la cotidianidad del ir y venir de la casa al trabajo.
(De los primeros 487 millones entregados a los partidos para elecciones, ¿qué porcentaje se podría dedicar a resolver el problema de los farallones e indemnizar a las familias sobrevivientes?)

