Opinión

Profamilia (2)

Profamilia (2)

Profamilia es un remedio no una causa.  La causa de la creciente erotización de la sociedad dominicana esta en los medios de comunicación, en cierto tipo de música urbana, en los videoclips que son tema de estudio en muchas universidades del mundo que nos analiza con asombro.

Deténgase a escuchar la “lirica” del rapeo, con su total irrespeto a la mujer y a la niña, escuche a Mozart la Para, o a la Materialista, estudie sus textos, y entenderá por qué los niños pequeñitos repiten sus frases y las niñas dan golpes de barriga a los dos y tres años, que sus padres celebran con ignorancia.

Estudie los videoclips y las muchachas que sin pudor ninguno mueven nalgas y caderas como un terremoto.  Vea a las megadivas exhibiendo sus lipoesculturas, con ropas que no dejan nada a la imaginación, y entonces entienda que la población dominicana esta sometida a una incitación a la sensualidad desbocada veinticuatro horas al día.

Vea  lo que se vende en el exterior sobre nosotros:  un paraíso donde todo es posible, playa, ron y sexo;  trate de explicarse por qué, siendo una media isla en El Caribe somos el cuarto país en el trafico y trata de mujeres, a la par con esos continentes que son Brasil, Las Filipinas o Colombia.

Y entonces, después de haber estudiado todos los factores que inciden, sin olvidar la promiscuidad, la pobreza, el desempleo juvenil, el hambre y la desesperanza, comience a identificar dónde está el problema y a poner el dedo sobre las llagas, mientras se toma un vino y almuerza, con la platería mas completa de la ciudad, en su palacete de la Zona Colonial.

La obsesión de la iglesia institucional con el cuerpo de la mujer es de vieja data.  Solo hay que recordar que la Inquisición mató, quemó en la hoguera, a 16 millones de mujeres a las que acusó de brujas, en su afán por sustituirlas, en las comunidades de las que eran lideresas, por un incipiente clero ávido de poder y torturado por sus lujurias inconfesas.  El sadismo de sus torturas, sobre todo en los genitales, puede verse en los múltiples museos de la Inquisición, uno de los cuales visité en Tortosa.

Nada ha dicho, o hecho,  la iglesia institucional para excusarse con las mujeres, como lo hizo recientemente sobre los curas pedófilos, porque tiene miedo de abrir esa caja de Pandora, de admitir que Eva, cuando comió del árbol del conocimiento, lo hizo con la misma libertad, con el mismo albedrio con que Dios la había creado.

La fe es un acto de libertad, de amor, no un edicto judicial, o una hoguera.

El Nacional

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