Han sido cuantiosos los daños causados por las intensas lluvias en la región sur donde se reportaron 43 puentes colapsados, daños severos en 13 carreteras y en 18 caminos vecinales, así como muchas obras viales inhabilitadas en otras regiones.
Centenares de familias han quedado en condición de damnificados porque sus viviendas, la mayoría a orillas de ríos o al pie de montañas, fueron destruidas por desbordamientos o crecidas de cañadas y por derrumbes.
El presidente Danilo Medina proclamó que “Dios proveerá” para señalar que el Gobierno dispondrá de los recursos necesarios para auxiliar a las comunidades que sufrieron mayores daños, pero dijo que no será necesario proclamar a ningún municipio en estado de emergencia.
Son muchas las poblaciones rurales que todavía están incomunicadas porque las riadas destruyeron puentes o anegaron caminos, lo que obliga a las autoridades a trabajar intensamente para restaurar la comunicación terrestre.
La zona del Bajo Yuna, en la provincia Duarte, se erige como la más vulnerable y de mayor riesgo por el desbordamiento del río Yuna. En alerta roja se mantienen las provincias San Cristóbal y Duarte mientras otras 14 están en alerta amarilla y ocho en verde.
Aunque falta evaluar las pérdidas causadas por el mal tiempo en la agricultura y la pecuaria, se definen como muy considerables, especialmente en los cultivos de arroz, frutas, vegetales, habichuelas, plátanos y tubérculos, entre otros.
Por la estacionalidad de los intensos periodos de lluvia se requiere que el Gobierno ponga mayor énfasis en políticas de prevención, que deben incluir restricción en uso de suelo para la construcción de viviendas, así como aplicar un programa de construcción y reforzamiento de gaviones para contener crecidas.
Lo que se impone ahora es asistir prontamente a las más de 14 mil personas desplazadas, reconstruir en otros lugares las viviendas destruidas por crecidas y derrumbes, habilitar puentes, carreteras y caminos dañados y socorrer a los productores agropecuarios que perdieron sus sembradíos.

