Opinión

Publicidad contra educación

Publicidad contra educación

Quienes tratamos de formar a nuestros descendientes  a partir de  la educación y  buenas costumbres, encontramos a menudo contradictores de las normas que tratamos de enseñar, lo cual  nos  entorpece nuestra labor. Esos elementos opuestos resultan difíciles de vencer,  por el alcance de los recursos que usan y por la persistencia de los actores en sus  intereses.

Por ejemplo, yo había logrado que el niño Ángel, uno de mis nietos, se convenciera de que no se debe  hablar  mientras se tiene  comida en la boca, pero ahora tengo que buscar otra estrategia para demostrarle que quien está en lo correcto es su abuelo y no el desafortunado comercial que manda a hablar con la boca llena a contrapelo de una norma de buena costumbre.

Se trata de la publicidad de una marca de pizza, y mi primer desquite  ha sido no consumir ese producto por todo este tiempo. Y quién sabe.  La segunda acción táctica para que mi nieto mantenga su fidelidad a la citada norma, ha consistido en responderle que la persona que  proclama  frescamente “habla con la boca  llena” está loca.

Loco es el adjetivo que ese niño, de cuatro años, mejor maneja para calificar o descalificar a alguien con quien tiene alguna inconformidad. Por eso lo hago. Todo lo que atenta contra la educación, sobre todo de los niños, es nocivo y merece el más firme rechazo. Es uno de los pocos casos en los que se justifica la censura.

La publicidad pretende ser graciosa y humorística para que su mensaje llegue más eficazmente al receptor.

Pero  al andar como chivo sin ley, no siempre sus argumentos resultan los más adecuados para ser recibidos en el seno de la familia.

Algunos comerciales propagan anti-valores, otros atropellan nuestro idioma, adrede en algunos casos, como recurso de incongruencia.

Ni los destinatarios de  los mensajes publicitarios ni la autoridad pública reaccionan ante tales abusos.

Incluso, algunos creen que no hay respuesta para ello. Pero sí hay respuesta: no consumir el producto  recomendado por una publicidad dañina o perversa. Y además  hacerlo saber.

El Nacional

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