El presidente Luis Abinader, está dejando su impronta de gobernante sobre el mármol imperecedero de la historia dominicana.
Los que hemos estudiado a Suetonio, en La vida de los doce Césares, y a Plutarco, en Vidas paralelas, sabemos que el legado de Abinader trascenderá el carácter relativamente efímero de su gestión pública.
Son muchos los hechos, no retóricas ni interpretaciones manipuladas, que prueban que tendrá que hablarse en este país, en los análisis y estudios políticos, de un antes y un después de la administración del jefe de Estado Luis Abinader.
Más aún, afirmamos que Abinader, desde ya, se ha erigido en un referente internacional de buen gobernante.
Esa es una realidad innegable y comprobada. Les causa mucho escozor a los dirigentes de la oposición política, y tratan de ocultarla con discursos.
Para confirmar esas aseveraciones, basta con saber que el actual mandatario blindó la Constitución para cerrarle el paso a los políticos con ínfulas mesiánicas y vocación de perpetuarse en el Poder.
Con ese gran aporte, que refleja el temple y la preocupación institucionalista de Abinader, se robustece el orden constitucional y democrático de nuestra sociedad.
Además, la reforma a nuestro Pacto Político, que impulsó y logró Abinader, para que la Procuraduría General de la República y todo el Ministerio Público sean verdaderamente independientes es una hazaña.
Recordemos que antes de esa revisión constitucional, la independencia del Ministerio Público era formal. Solo servía para justificar lo injustificable: el nombramiento de dirigentes políticos reconocidos en esa alta instancia para garantizar la impunidad de los autores favoritos de la corrupción administrativa.
Si no fuera por las mezquindades políticas y la mentalidad de Concho Primo que se exhiben en nuestro medio, y que lastran el progreso del país, hasta los adversarios de Abinader reconocerían ese mérito.
También se pueden presentar, como pruebas evidentes de la lucha contra el flagelo de la corrupción, los sometimientos judiciales inmediatos de muchos funcionarios implicados en escándalos.
Todos saben que Abinader expresó que tiene amigos, pero no cómplices. El que se equivoca en el Gobierno, paga sus consecuencias.
Sería fácil seguir mencionando hechos del gobierno de Abinader para apuntalar su buena gestión. Y no se explica el silencio irresponsable de la mayoría de los ministros y demás funcionarios frente a la necesidad de defender la gestión actual. Están dejando solo a Abinader, y a merced de lobos políticos.
Sin lugar a dudas, el presidente Luis Abinader, por su buena gestión pública, desde ya puede compararse con los mejores gobernantes de nuestro país y de Latinoamérica. Su ejemplo es imborrable.

