Opinión

Puntos… y picas…

Puntos… y picas…

SANTIAGO.– Los homosexuales,  hombres o mujeres, tienen libertad de actuar conforme las leyes en actividades habituales para heterosexuales y están protegidos, como ciudadanos, por las mismas prerrogativas y derechos que la Constitución establece para los “normales”, es decir, que tienen similares atribuciones como personas.

Llama la atención que el aldeanismo y provincianismo de Santiago haya convertido en asunto de primer plano, noticia nacional y hasta de difusión internacional, supuestas controversias alrededor de un anunciado concurso de “Miss arcoiris 2008” que han promovido como elección de “Miss universo gay”.

Medios de comunicación, sobre todo electrónicos, han jugado al amarillismo, manipulando y desorientando, como estímulo a la polémica y al consumo morboso de una situación que es la expresión del libre albedrío, limitado sólo por el respeto al derecho ajeno.

El asunto será siempre controversial, porque antes se reprimía la homosexualidad de manera severa y quienes la practicaban se automarginaban, sin embargo, los tiempos han cambiado y hoy los gays y lesbianas “han salido del closet” y son una realidad latente aquí y en sociedades más avanzadas y con menos tabúes.

El movimiento gay es una fuerza mundial reconocida, que se manifiesta con peso específico en el orden político y social, que avanza en la disminución de la discriminación y búsqueda de igualdad de oportunidades para el acceso a posiciones, sin que la tendencia homosexual se constituya en impedimento.

A pesar de que no hay unanimidad científica respecto al origen de esta preferencia sexual, las opiniones indican por una parte que se trata de un hecho congénito, con el que se nace, es decir, del que el ser humano no tiene la culpa, y por otro lado, que es una tendencia aprendida y adquirida en el  ambiente social.

Teorías sobre el origen físico tocan aspectos hormonales, también causas biológicas o genéticas y otras se refieren a conductas aprendidas o sugeridas como la perversión, seducción y segregación, entre otras.

Cual que sea la verdad sobre el tema, en el caso específico del concurso de los gays en Santiago, programado según lo que se publica para el 27 de diciembre próximo, ninguna autoridad tiene derecho ni atribuciones para prohibirlo ni promoverlo, en un sentido o en otro.

Se trata de un asunto privado, individual,  que es libre en la medida que su realización sea conforme a la ley y lleve a la práctica la sabia expresión de que dónde termina el derecho de una persona, comienza el de la otra y viceversa.

Ahora bien, promover esto como “modelo” es contrario al paradigma moral impuesto por la sociedad, es una provocación al “orden público y las buenas costumbres” y transgrede normas elementales y evidentes, como se ve a diario en canales de televisión, en que se presenta como lo de moda, actual y “normal” la invasión de amanerados y travesti como “figuras notables”.

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