Opinión

Puntos… y picas…

Puntos… y picas…

Vergüenza para la nación
SANTIAGO.–
La eliminación del equipo dominicano en el Clásico Mundial de Béisbol, derrotado dos veces por el representativo del Reino de los Países Bajos (Holanda), es un golpe mortal al orgullo nacional, hiere la sensibilidad del pueblo y provoca reacciones de pesar por el significado de la pelota en la idiosincrasia nativa.

El tema trasciende el ámbito deportivo y las fronteras isleñas, abarca a la diáspora, sobre todo la establecida en Norteamérica, porque el béisbol es sello distintivo del dominicano y la calidad de sus atletas en las Grandes Ligas avalaba este equipo para ser considerado entre los favoritos.

La representación nativa, semifinalista en la primera versión del clásico hace tres años, se quedó en el camino en primera ronda y fue descalificada al perder dos de tres partidos, ambos ante los holandeses, con pobre demostración ofensiva y defensiva, pese a la soberbia actuación de los lanzadores.

Para los estadígrafos del béisbol es muy significativo que en los tres juegos, en 29 entradas, los monticulistas nativos acumularan efectividad colectiva de 0.46 carrera limpia permitida por partido y que en el juego decisivo el abridor, Ubaldo Jiménez, ponchara a 10 holandeses en cuatro episodios, para establecer marca en el clásico.

Para crédito del cuerpo de lanzadores hay que destacar, además, la extraordinaria actuación de Pedro Martínez en su regreso, lo que es el punto luminoso individual en la oscura actuación colectiva y sirve, además, de análisis particular, en cuanto a disciplina y preparación, para entender el pobre rendimiento ofensivo de los estelares.

En medio de la tristeza y vergüenza que provoca la derrota, los temas de política, protestas populares, delincuencia de militares y policías, así como crisis económica, han quedado relegados porque el orgullo nacional está herido y por eso se buscan las razones del descalabro.

Un grupo de estrellas individuales, de probada calidad y pagada con millonarios salarios, no pudo constituirse en equipo, pese a tener como dirigente a Felipe Rojas Alou, uno de los más respetables del negocio, no por ser dominicano, sino por su historial en Grandes Ligas.

Dentro de las teorías o vertientes para entender lo ocurrido, están las imposiciones de las organizaciones del béisbol gringo a la que pertenecen los peloteros, por una parte, y también la desidia o desinterés de otros al no querer arriesgar carreras millonarioa en nombre de un publicitado patriotismo o defensa del orgullo nacional.

El “estilo” de las cosas, a lo dominicano, no está ausente en la lógica de lo ocurrido, por  lo que pasó al final,  y hasta por tener que salir a buscar peloteros porque los supuestos a estar no pudieron a la hora de la verdad, además de infidencias sobre comportamientos poco profesionales al no concentrarse lo debido para el juego clave.

Y no se ignora que como dominicanos, los peloteros reflejan la realidad social de improvisaciones, con mucho individualismo, y por eso de la vergonzante derrota beisbolera hay que sacar lecciones sin culpables preferidos.

puntosyenfoques@hotmail.com

El Nacional

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