Opinión

Puntos… y picas…

Puntos… y picas…

Reforma  y labor Congreso
SANTIAGO
.– A partir de esta semana se iniciaron los trabajos de senadores y diputados para la reforma a la Constitución, un proceso que ya no tiene retorno,  de manera que en pocos meses habrá un nuevo texto de la Ley de Leyes, basado en el proyecto sometido por el Poder Ejecutivo, ahora objeto de nuevas controversias.

Las declaraciones del presidente del Senado en cuanto a que el Congreso legislará de manera regular en los recesos de la Asamblea Revisora de la Constitución es un contrasentido, asunto ilógico y despropósito inexplicable, no entendible ni para profanos, eso de funcionar en las pausas de aquella solemne reunión.

En más de una ocasión desde esta columna se ha reiterado que el procedimiento de modificación de la Carta Magna está señalado en el propio texto constitucional en los artículos del 116 al 120, que es bastante explícito y, además, riguroso y que, en consecuencia, debe ser cumplido al pie de la letra.

De hecho desde que la Asamblea Nacional se reúna como revisora, por mandato de una ley especial que declara la necesidad de la reforma y que fue hecha pública por el Poder Ejecutivo el pasado día 10, dentro del plazo de los quince días siguientes, que vence hoy, senadores y diputados deben iniciar, como han hecho, el conocimiento de la propuesta de cambios.

El proceso se ha seguido de manera correcta. El Senado aprobó el 20 de enero el proyecto originado por el presidente de la República, mientras la Cámara de Diputados lo convirtió en ley, con el apoyo de los reformistas, el 11 de febrero pasado y el día 23 fue remitida al Poder Ejecutivo que el 27 de febrero la promulgó en la rendición de cuentas del pasado año.

El plazo de 15 días que establece la Constitución para que se reúna la Asamblea Nacional, cuya convocatoria fue hecha para ayer, ya se ha cumplido pues la publicación se produjo el martes 10 de este mes, fecha a partir de la cual comenzó a correr ese límite y, por lo tanto, ya los legisladores son asambleístas y el trabajo ordinario pasa a segundo plazo o entra en receso.

La ley suprema de la nación es clara en ese aspecto. Es una reunión conjunta de las cámaras como Asamblea Revisora y va más lejos cuando señala en la parte in fine del artículo 120 que la reforma “no podrá jamás ser suspendida ni anulada por ningún poder ni autoridad ni tampoco por aclamaciones populares”.

Por eso extraña, como contrasentido, que el presidente del Senado y al mismo tiempo de la Asamblea Nacional, Reynaldo Pared Pérez, declarara que el Congreso seguirá laborando de manera normal “en los recesos” del trabajo legislativo conjunto que manda la Carta Magna.

Imagínese que Pared Pérez declarará recesos en los trabajos de la Asamblea Revisora para atender los asuntos ordinarios de los legisladores desde sus respectivas cámaras.

A la verdad que esto no es sólo ilógico, sino también un despropósito y de difícil convivencia legislativa.

puntosyenfoques@hotmail.com

El Nacional

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