Si el gobierno da la callada por respuesta al paro que se cumplió con efectividad el lunes, los trece meses que le restan de administración serán de mayor ignorancia al pueblo y de efecto negativo a la candidatura de su partido.
La demostración de protesta y rechazo a la política económica no tuvo el éxito alcanzado por la calidad o empatía de sus promotores con la población sino por el descontento generalizado debido a indolencia oficial y castigo a la economía popular.
La crisis económica no es patrimonio local ni de hechura autóctona, en una parte es reflejo de la situación internacional, pero en buena medida es alentada por el dispendio oficial, distorsiones en la distribución del ingreso e inequidad social que conduce a insubordinación pacífica ciudadana.
La efectividad del paro refleja ese descontento colectivo, es válvula de escape a presiones cotidianas por achicamiento del presupuesto doméstico, no tiene componente partidista ni de narcotráfico como funcionarios declararon para desacreditar, beneficia la oposición política y perjudica las aspiraciones peledeístas de continuar en el poder.
El éxito no es mérito de convocantes ni de candidato opositor, y menos del supuesto apoyo de sectores del bajo mundo, porque también hubo financiamiento anti-paro desde el litoral oficial, por lo menos a personeros del transporte público en Santiago. Y no surtió efecto en el concho.
El balance económico tras la protesta es negativo. Se paralizó el aparato productivo por 24 horas y de inmediato no variará la política sobre el paquetazo impositivo, alza de combustibles, recursos a educación, tarifa de energía y reajuste salarial.
Ante autoridades sordas, esta una demostración pacífica y cívica, un mensaje de rechazo a la gestión, porque esta vez quienes se sumaron al paro, incluyendo la iglesia, no lo hicieron por terror ni temor.
Los estrategas oficiales tienen insumos para intentar que el gobierno, si no sigue ignorando al pueblo, recupere simpatías fuera del clientelismo y, sobre todo, que la palabra presidencial tenga credibilidad más que la retórica que no convence.

