Luces y sombras
Al cumplirse el primer año de la nueva gestión, o continuación de la anterior, del presidente Leonel Fernández, es frecuente la evaluación de las ejecutorias y en los primeros 12 meses de un período de 48, hay luces y sombras, aciertos y desaciertos que en términos generales pueden señalarse.
Es un ejercicio rápido, y también arbitrario, de poco rigor científico y base amplia en la percepción generalizada y también en lo que se refleja en la opinión publicada por la prensa y lo que se considera como vox populi o versiones que corren de boca en boca.
En base a este criterio se pueden señalar un conjunto de cinco puntos positivos e igual número de aspectos negativos luego de la tercera juramentación de Fernández, de sólo un año que da la impresión de ser demasiado adulto o que avejenta rápido.
Al reasumir el mandato en medio de la crisis económica global, no hay dudas que mantener la estabilidad macroeconómica y un crecimiento del Producto Interno Bruto por encima del resto de países de América Latina es uno de los grandes logros.
Sería mezquindad negar como gran acierto la modernización del sistema recaudatorio del Estado, con ejemplos en Aduanas e Impuestos Internos, y una tendencia hacia la automatización del aparato estatal.
Otros tres elementos luminosos del gobierno son el impulso de la reforma a la Constitución, en fase final por la Asamblea Nacional Revisora, además del posicionamiento de liderazgo regional del país en las relaciones internacionales gracias a la habilidad y condiciones del presidente Fernández, y los esfuerzos por la modernización y mejoramiento de la función pública, del servidor, de los procesos y calidad de los servicios a los ciudadanos.
En el otro lado de la moneda están las sombras, que en buena medida se arrastran desde el período anterior y que en los últimos doce meses han adquirido mayor notoriedad y generado preocupación entre la población.
Entre esos aspectos negativos, sobresale una tríada preocupante: la corrupción y las denuncias de escándalos, el auge y penetración en estamentos oficiales del narcotráfico y el notable crecimiento de la inseguridad ciudadana apareada con la creciente ola delictiva y crímenes sangrientos.
Para cerrar los puntos que ensombrecen la gestión están dos incapacidades oficiales: superar el conflicto con los médicos y solucionar la crisis del sistema energético.
Haga usted su balance.

