Al término de la gestión del presidente Leonel Fernández, el balance es positivo, más luces que sombras, y con percepción mediática de despedida a galope con inauguraciones aquí y allá, como si todo se derrumbara, pese a buenas notas en indicadores macroeconómicos, estabilidad política y realizaciones materiales de infraestructuras con megas obras capitalinas.
El incremento del PIB permitió más crédito internacional para aumentar el endeudamiento, parte sombría, con crecimiento elogiado y criticado por contrastar con desarrollo humano e ignorar indicadores como índice de felicidad, que anularía bondades del resultado macroeconómico.
La estabilidad cambiaria es punto luminoso indiscutible. Si se tiene la tasa del dólar como termómetro de la situación económica por su influencia en la cadena de producción y distribución de bienes y servicios, no hay dudas que es gran éxito de la gestión Fernández.
En lo social e institucional hay contrastes notorios como lo positivo del asistencialismo oficial vía tarjeta Solidaridad que atenuó problemas de pobreza, pero fue caldo de cultivo del clientelismo que surtió efectos electorales favorables.
La aprobación y promulgación de la nueva Constitución, en 2010, es la mayor realización de esta gestión en lo institucional si bien fue sancionada por la Asamblea Nacional, la iniciativa fue del Ejecutivo luego de un proceso amplio de debates y consultas.
La Carta Magna es lo más avanzado que pueda imaginarse. Hay pendiente intenso y extenso desarrollo legislativo, como regulaciones sin precedentes en administración pública, incluido el tema salarial, y es desafiante reto materializar las bondades teóricas del texto constitucional.
Fernández será, a partir del 16 de agosto, el ex gobernante que conservará mayor cuota de poder político, al controlar las denominadas altas cortes con su dominio aplastante del Consejo Nacional de la Magistratura. Y lo hizo legalmente.
Sus debilidades mayores son la creciente inseguridad ciudadana y entronizamiento de toda forma de corrupción administrativa a niveles alarmantes de evidente ostentación, con implicación activa, por otro lado, de autoridades en narcotráfico, lavado de activos y sicariato.
Hay más. Estos contrastes son ilustrativos y claroscuros.

