“Independencia” judicia
El juez Modesto Martínez Mejía, postulante a la Corte Suprema, dio una irrefutable cátedra de ética y aspiración de independencia de la función jurisdiccional del Estado en su exposición ante el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) que debía renovar la matrícula de la cúpula judicial.
Por su naturaleza discursiva y defensa de convicciones éticas, el control partidista del CNM lo sentenció a exclusión, porque un magistrado de su reciedumbre moral es inconveniente para un sistema narigoneado que ignora la corrupción y propicia la impunidad.
La visión macro de las decisiones del CNM permite calificarlas de positivas o equilibradas si se resalta que siete de nueve nuevos jueces son de carrera y apenas dos provienen del ejercicio y/o la cátedra, al margen de la ratificación de tres, uno de ellos con dilatada experiencia jurisdiccional.
El asunto controversial es que el elegido para presidir la Corte Suprema proviene del Comité Central del Partido de la Liberación (PLD) al margen de merecimientos, formación profesional y pese a presentar renuncia a esta militancia. El factor político fue determinante.
Lo mismo puede decirse del ratificado en la sala penal de la Corte Suprema, quien además de ser miembro del CNM, convertirse en juez vía el ministerio público, con antigua o presente vinculación al mismo PLD es señalado en mentideros judiciales como “pieza clave” del interés político.
En síntesis, el CNM logró extrañar de la Corte Suprema a la juez Miriam Germán Brito, junto a otros seis, imponer la mayoría mecánica del partido gobernante y colocar una ficha como cabeza y otra como seguro de impunidad en casos penales. ¡Adiós a “independencia” del Poder Judicial!

