Opinión

PUNTOS… Y PICAS

PUNTOS… Y PICAS

La cuenta macabra aumenta al paso de los días y también la indiferencia gubernamental ante la tragedia y drama humano de la muerte de más de medio centenar de dominicanos que se aventuraron al mar en busca del sueño americano y murieron cerca de Samaná.

Del triste episodio ya pasan más de diez días y aún no se concilia su cuenta de horror, pues sólo 14 han sido computados como sobrevivientes, que quedaron para contar la historia, y el total de aventureros no puede precisarse. Algunos sobrevivientes dijeron que eran 68 los ocupantes de la yola y 14 fueron rescatados,  pero los cadáveres hallados ya pasan de 50.

Apenas concluyó oficialmente la labor rescatista, a cinco días del naufragio pendiente de recuperar más cuerpos, las autoridades detienen a 18 hombres y 4 mujeres en altamar en otra yola hacia Puerto Rico, un nuevo capítulo de estos viajes hacia la muerte.

La catástrofe de Samaná retrata de nuevo el riesgoso cuadro migratorio, pone de manifiesto la complicidad oficial que no impide viajes en yola a Borinquen que son “pan nuestro de cada día” y secreto a voces en las comunidades desde donde zarpan.

Un suceso que duplica penosamente las víctimas del que sirvió de base a la película premiada “Pasaje de ida”, de Agliberto Meléndez, historia de 22 que murieron asfixiados en el tanque de lastre del buque “Regina Express”, en el puerto de Santo Domingo en 1980.

En ambos casos, se trata de infelices y anónimos dominicanos, la mayoría pobres de solemnidad y sin incidencia pública. Esto no motiva siquiera una línea de condolencia de las autoridades, sólo declaraciones destempladas y aderezadas con la coyuntura política electorera.

En una sociedad civilizada, lo mínimo en casos tan horripilantes es una jornada nacional de oración y reflexión,  y un comportamiento del liderazgo político acorde con la congoja que genera el suceso.

Hay tiempo para declarar duelo nacional por el naufragio y de propiciar condiciones y oportunidades de desarrollo humano que disuadan a los escapistas, porque el sueño americano está aquí, en esta tierra.

El Nacional

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