Opinión

Puntos… y Picas

Puntos… y Picas

Con razón, comunicadores y “opinadores públicos autorizados” afirman que la sociedad ha perdido la capacidad de asombro ante tantos hechos inauditos y espeluznantes que ocurren con irritante frecuencia a la vista de todos con la complicidad, tolerancia  o inacción de autoridades competentes.

Los asuntos alrededor de la droga y el narcotráfico son pan nuestro de cada día, la prensa reseña cotidianamente nuevos sucesos que dan la impresión los estamentos del poder público nacional están sino empapados, por lo menos salpicados por este flagelo de tantos tentáculos.

Un rosario de hechos recientes, inconclusos en cuanto a su solución por vía judicial bajo la dirección investigativa del Ministerio Público y los cuerpos represivos del Estado, indica que las raíces del narcotráfico están profundamente asentadas y estimuladas por la debilidad institucional del país.

Casos cuyos detalles los asemejan a una novela con capítulos diarios, ilustran una realidad ante la cual el ciudadano es cada vez menos sensible y más permisivo, a fuerza de que su frecuencia e impunidad les dan patente de normales y comunes.

Llama la atención de que en sucesos de este tipo,  la cuestión fundamental como es la droga en sí, nunca es hallada y confiscada por las autoridades como elemento clave de una investigación. Basta  preguntar dónde está la droga del caso Paya, donde fueron muertos siete extranjeros en un supuesto “tumbe”, episodio que involucra a militares y por el cual han sido extrañamente eliminadas personas con datos o testimonios comprometedores.

Como noticia reciente,  mueve a justificada curiosidad  indagar qué pasó con la carga de narcóticos atribuida a una aeronave extranjera, pilotada por dos personas cuyos cadáveres fueron rescatados, que cayó al mar o fue derribada en aguas costeras de la región oriental del país.

Escuchar a las autoridades supuestamente competentes, civiles como militares, es para morirse de la risa por la sarta de incongruencias que aportan en sus declaraciones y la facilidad para la fábula y el “error consciente” en sus planteamientos públicos.

El Nacional

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