El Partido Revolucionario (PRD) ha comenzado a despertar de la resaca electoral y lo ha hecho como buen borracho, sin darse cuenta de lo ocurrido en la juerga del 16 de mayo, como si no estuviese preparado para asimilar el malestar y creyendo que la fiebre estuvo en la sábana.
El problema fue el paciente y la ignorancia necia de sus familiares que lo dejaron a merced de los efectos devastadores de la estrategia del partido gubernamental ante la débil o ausente oposición política que le mermó poco a poco sus posibilidades de recuperación mientras sus verdugos envenenaban las franquicias partidarias.
Quedar sin asientos perredeístas en el Senado, con 75 de 187 representantes en la Cámara de Diputados y también en el poder municipal con apenas 57 de 155 alcaldías, es una pela de calzón quitado en el lenguaje popular de los resultados, buena parte gracias a los aliados del Partido de la Liberación (PLD), que compró toda suerte de sigla pudo.
El PRD no se preparó para las elecciones, como tampoco ha asumido una estrategia de partido opositor y se ha dejado enredar en las patas de los caballos oficiales y actúa en ocasiones más como aliado circunstancial que oponente preferido del PLD, dando la impresión de que sus dirigentes se dejan arrastrar hacia el redil gubernamental.
El discurso agresivo y de insubordinación de las masas no tiene sentido, porque es extemporáneo, y no será acatado, porque ya el palo está dado. Los resultados electorales son irreversibles y la torpeza de la directiva del PRD ha quedado evidenciada, al extremo de que muchos fueron barridos como candidatos.
El asunto no es buscar culpables ahora, es estudiar y aprender la lección, porque aquellos lodos trajeron estos polvos, los antecedentes de imposición de dirigentes, de problemas internos por el control de estructuras partidistas, de candidaturas impopulares e inconsultas, se reflejan en el dictado de las urnas, maleado por el oro corruptor del uso de recursos públicos.
El PRD requiere reingeniería, relevo generacional, adecuación de sus acciones a nuevos tiempos y sintonizar con el sentir popular para hacer oposición. Y punto.

