Con impunidad favorecida de complicidad oficial por omisión, el complejo deportivo La Barranquita es víctima de pillaje y saqueo que tiene como máxima expresión reciente el reparto, venta u ocupación de terrenos de este parque ecológico.
Amparándose en clientelismo de campaña y de la vista gorda de funcionarios amoldados a esquemas tradicionales, un grupo delincuencial multipartidista, en extraña alianza, se está apoderando de lo inalienable en área de utilidad pública.
En adición al vandalismo y pillaje que ha desvalijado las instalaciones sede de los XV Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, en 1986, ahora una turba de rodrigodetrianas está invadiendo terrenos.
Se está parcelando zonas verdes con uso de equipos pesados para abrir trochas y pretender desaparecer o sepultar hasta cañadas para convertirlas en solares. ¡Qué barbaridad!
Eso sucede los últimos meses, específicamente detrás de los estadios Aníbal Medina, de la Asociación de Softbol, y César Delmonte y Consuegra, de la Asociación de Cronistas Deportivos de Santiago; Inc. (ACDS), de la cual el autor de esta columna es presidente.
Otras áreas del complejo de los juegos Santiago 86, como los campos de ecuestre y tiro con arco, además de la sede del puesto militar encargado de la seguridad, también son amenazadas por quienes alegan poseer documentos que avalan sospechosas negociaciones con el Estado. Esto es parte del iceberg de La Barranquita sin dolientes y, sobre todo, con autoridades irresponsables. Y hay muchos para mencionar, comenzando con los ministerios de Deportes y Recreación, Medio Ambiente y Recursos Naturales, además de la dirección de Bienes Nacionales.
El movimiento olímpico local, con la Unión Deportiva de Santiago (Udesa) a la cabeza, debe iniciar una cruzada para salvar La Barranquita de este pillaje de nuevo cuño, junto a la prensa especializada, el vecino Cursa-Uasd, sede de la universidad pública, y el sector empresarial vanguardista.
Esos empresarios encabezan un patronato responsable de proteger La Barranquita que no ha vuelto a dar señales de vida. Y lo que deba hacerse es rápido, antes de que terminen de acostarse las palomas.
¡La alarma está activada!

