Opinión

Que entre el mar

Que entre el mar

Si no soy el candidato no lo será nadie. Es un problema existencial digno de ser estudiado desde su raíz. Yo, el más grande, el más poderoso. El que tiene la casa de veraneo más grande, el que vive en la torre más alta y más grande. Yo, siempre yo. Los demás son sólo objetos a su servicio. Esclavos o mendigos de la política.

Ya lo dijo: “El dos por ciento lo aplastaré como a una cucaracha”.

No es el que más dinero ni más poder tiene, pero vive como si los tuviera. No hay estatutos ni reglamentos que valgan.

Las palabras, palabras son. Se las lleva el viento. El fin justifica los medios. Tanto vale la campaña limpia como la sucia. Los seres humanos son marionetas en sus manos.

“La muerte de un hombre es una tragedia, la de un millón, una estadística”, dijo alguien que ordenó el exterminio de millones de hombres, mujeres y niños.

Mientras que un soldado italiano fusilado  durante la Segunda Guerra Mundial por los fascistas gritó antes de caer acribillado: “¡Soy un ser humano”!

Un hombre ambicioso siempre es peligroso. Es capaz de cualquier cosa.

Los sicarios de la muerte mediática no tienen escrúpulos. Son verdaderos mercenarios de la radio, la televisión o el periódico. El dinero es lo único que importa. Hay muchas formas de matar a un hombre, de reducirlo al mínimo en su condición humana.

Los hombres acostumbrados a ganar de cualquier forma,  los que no miran a los demás a los ojos,  los que no respetan la amistad, los que no son leales,  no son más que minusválidos mentales,  desadaptados sociales a los que  hay que temer.  Esos no pueden gobernar. 

El que no respeta a los miembros de su partido, muchos menos respetará a los ciudadanos de otros partidos o sin partido.

 Un proyecto gubernamental personal que nada tiene que ver con lo político ni lo social, no puede tener cabida en la sociedad. Mucho menos en un partido político. Sería como volver al pasado dando un salto al vacío.

Si no soy el candidato, que se divida o se destruya el partido.

El ego excesivo, más que fortaleza, muestra debilidades y vacíos humanos muy profundos que solo la sicología o la siquiatría pueden explicar científicamente.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación