Este siete de octubre son las elecciones en Brasil y todo el mundo está pendiente de si el pueblo brasilero va a elegir a un autodeclarado fascista, abierto admirador de Pinochet, o a un liberal ex gobernador de Sao Paulo, que impulsó la educación pública, entre otros.
Cuando expresé mis temores a un familiar, me dijo que lo mejor que podía sucederle al Brasil era elegir a Bolsonaro. Como lo mejor que pudo sucederle a USA fue elegir a Trump, porque nadie, ha logrado desmitificar a ese país como lo ha hecho él, un capitalista brutal, para quien negros, minorías, mujeres e inmigrantes son escoriade la que hay que disponer. No hay aparato mediático que pueda amortiguar el impacto de Trump en la imagen de los Estados Unidos a nivel mundial. Lo mismo va a suceder con Bolsonaro. Nadie demostrará la naturaleza, no ya reaccionaria sino estúpida, de la burguesía brasilera, como él.
Y si no me crees, dijo, mira lo que pasa hoy en Argentina, un país con la capacidad de alimentar a 400 millones de personas, donde han regresado las ollas populares porque se agudiza el hambre , y 38 hombres diputados decidieron que tres millones de mujeres, luchando por su derecho al aborto, sigan siendo incubadoras. Argentina, donde solo en la industria metalúrgica han despedido a 200.000 trabajadores y hoy los que laboran en las telefónicas, líneas aéreas, trenes, restaurantes, industria alimentaria, de salud, docentes, entienden que son trabajadores, y el mito de que son clase media y más privilegiados que los obreros más carenciados, se ha ido por el retrete.
El lunes pasado, las calles de Buenos Aires, aeropuertos y puentes estaban vacías, porque hubo un paro masivo contra las políticas económicas de Macri, exigiendo un cese de pago al Fondo, la eliminación del sistema tarifario y la garantía de los derechos de los trabajadores más pobres de su sistema de pensión y seguridad social.
Los trabajadores pararon el país en un “Tsunami Verde”, donde las mujeres, con pañuelos verdes en la cabeza, enfrentaron la Policía y los Sindicatos, en un Movimiento de Agrupaciones Clasistas, MAC, se agruparon en una gran convergencia sindical y política.
Lo maravilloso es que todas las reivindicaciones de género: lenguaje inclusivo, eliminación de la brecha salarial entre hombres y mujeres, derecho al aborto, han sido integradas en esta lucha, y eso, como las reivindicaciones de genero de las mujeres en USA, solo lo ha podido lograr Macri, ninguna organización de izquierda se puede atribuir ese progreso ideológico.
La gran garantía pues, para que las clases trabajadoras del Brasil, entiendan al igual que las argentinas, la importancia del Socialismo, es que gane Bolsonaro.

