El administrador de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) ha hablado de apagones equitativos como alternativa frente a la crisis en la producción y suministro de energía. Pero por más equitativos que sean no se trata de una solución, como anhelan los consumidores, sino de una aparente estrategia de mercado ante la debacle del sector.
En las últimas horas los apagones no han dado tregua. Han arreciado de tal modo que al menos medio país ha estado sin energía eléctrica, cargando el Cibao con la peor parte. Se estima que la crisis alcanzó un 41 por ciento de la energía puesta en línea.
Varias plantas fuera de servicio, no propiamente por avería o mantenimiento, explican con toda claridad que es financiera la causa de la crisis en el suministro de energía. Tampoco se trata de ninguna novedad, pues ya el presidente de la firma AES Andrés, licenciado Marcos de la Rosa, había advertido sobre la falta de recursos para operar las unidades. Consciente de la realidad, en respuesta el Gobierno dispuso de 20 millones de dólares, los cuales frente a una deuda que se estimaba en unos 590 millones eran como una gota de agua en el mar.
De todas formas la situación se ha tornado tan crítica que hasta las dos unidades de la hidroeléctrica Pinalito, inaugurada recientemente por el Gobierno, tuvieron que ser sacadas de servicio debido a vibraciones y al bajo nivel del agua. No hay, en consecuencia, que dar muchas vueltas para saber que se está ante un problema grave.
Si la designación del empresario Celso Marranzini en la CDEEE generó alguna expectativa, máxime por su discurso frente al drama eléctrico, va camino de diluirse. Había focalizado su estrategia en el saneamiento administrativo, que no se sabe si ha completado, y en el cobro de la energía. Pero es obvio que la crisis financiera y su impacto en la producción es uno de los grandes problemas con que le ha tocado lidiar.
Como los apagones equitativos que ha enarbolado Marranzini no son una solución, pequeños comerciantes, amas de casa y millares de otros usuarios no saben qué hacer.

