La cifra de medio millón de niños, niñas y adolescentes que, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) son explotados laboralmente en República Dominicana, constituye una piedra de escándalo y un motivo para avergonzarse.
El coordinador de la oficina nacional de la OIT, licenciado Elías Dinzey, reveló que unos 25 mil menores, con edades entre cinco y 17 años, son objeto de explotación sexual, lo que demuestra un pésimo desempeño del Gobierno y el Ministerio Público en su obligación de protegerlos.
Sólo en el sector agropecuario unos 175 mil menores sufren explotación laboral, según el funcionario de la OIT, que advierte que esa cifra ha venido en aumento desde 2004.
¿De cuál futuro se habla o se pregona, si medio millón de niños sufren explotación laboral, 25 mil de ellos obligados a prostituirse, incluídos niños de hasta cinco años?
El informe de OIT señala que 179 mil menores trabajan en plantaciones agrícolas, en las peores condiciones, lo que representa el 18.4 del total de infantes sometidos a ese tipo de esclavitud.
Miles de niños empiezan a trabajar en campos agrícolas a los cinco años, lo que afecta tanto su salud como su desarrollo.
Otros centenares de miles de niños son sometidos a espantosas condiciones de trabajo, como ha denunciado la OIT, aumentan la deserción escolar y la delincuencia infantil, sin que el Estado llegue a darse cuenta de que por mandato constitucional debería fungir como tutor de los menores.
¿Cómo explicar al mundo civilizado que aquí más de 25 mil niños, niñas y adolescentes son obligados a prostituirse sin que las autoridades muevan un dedo para afrontar ese drama? ¿Cómo explicar que miles de menores son obligados a abandonar las aulas y a cumplir duras jornadas de trabajo en plantaciones agrícolas?
En 2005 el número infantes sometidos a explotación laboral ascendía a 436 mil, pero esa cifra aumentó a más de 500 mil.
No se hable más.

